V Centenario de la Guerra de las Comunidades. Capítulo III. La Batalla de Villalar

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Tags: Comuneros España Historia

V Centenario de la Guerra de las Comunidades. Capítulo III. La Batalla de Villalar

Autor: Carlos Belloso Martín

Universidad Europea Miguel de Cervantes (Valladolid – España)

Tras la pérdida de Tordesillas, los Comuneros se hicieron fuertes en Torrelobatón en febrero de 1521, protegidos en su castillo y por sus murallas. En esta guerra de asedios, las fuerzas realistas se fueron concentrando en Medina de Rioseco, capitaneadas por el Almirante de Castilla, con intención de hostigar y reducir los espacios estratégicos a los Comuneros. En abril de 1521, las tropas realistas se empezaron a reunir en la localidad próxima de Peñaflor de Hornija bajo el mando del Condestable de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco, a muy poca distancia de Torrelobatón. 

Ambos ejércitos seguían similares estrategias militares: solo ocupan localidades bien fortificadas, a ser posible con castillo y amuralladas, y mantenían una guerra de asedios a las poblaciones enemigas, como habían sido los cercos de Segovia, Tordesillas, Torrelobatón, Coca, Alaejos, Ampudia, Fuentes de Valdepero, etc., sin que hasta el momento se hubiesen producidos grandes enfrentamientos armados. De hecho, ni siquiera en Villalar se produjo una gran batalla, sino que fue el ataque de la caballería realista que era muy superior a la del ejército comunero, y se encontraba desplegado en orden de marcha en su precipitado repliegue a Toro. Después de un fuerte aguacero, las tropas comuneras apenas consiguieron reagruparse para presentar batalla ante el desconcierto que se produjo con las primeras cargas de la caballería realista, aprovechando su ventaja estratégica en esa amplísima llanura entre Marzales y Villalar.

ACORRALADOS EN TORRELOBATÓN

Los comuneros capitaneados por Juan de Padilla deben tomar una decisión crítica cuando perciben la amenaza que se cierne sobre ellos: mantenerse fuertes en el castillo y localidad amurallada de Torrelobatón que habían conquistado dos meses antes, y enfrentarse allí al inminente ataque de las tropas realistas que se estaban congregando en la vecina Peñaflor de Hornija, o salir cuanto antes para refugiarse en otra plaza fuerte amiga. Finalmente, al amanecer del martes 23 de abril de 1521, los comuneros comienzan a salir apresuradamente de Torrelobatón con intención de llegar esa jornada a la villa amurallada de Toro, llevándose toda la artillería.

UNA REACCIÓN INMEDIATA

En cuanto el ejército realista reunido en Peñaflor de Hornija conoce que los comuneros están abandonando Torrelobatón, su jefe el Condestable de Castilla Iñigo Fernández de Velasco valora la situación y rápidamente ordena que se prepare y salga en su persecución la caballería, que era mucho más numerosa que la de los comuneros, y que detrás vaya en apoyo su infantería.

LA PERSECUCIÓN

El ejército comunero avanza lentamente debido a las piezas de artillería que transporta y al terreno embarrado por el que marcha. Una fuerte tromba de agua empeora aún más la situación. Perciben la proximidad de los realistas y hay algunos intentos de protegerse en Vega de Valdetronco. Se percibe el desasosiego y la proximidad de la batalla cuando ven el despliegue realista que vienen por Tordesillas y amenaza su vanguardia, de Simancas su flanco, y de Peñaflor su retaguardia.

EL DESPLIEGUE REALISTA

Las condiciones del terreno son muy favorables para el ejército realista, que tiene superioridad en caballería, sabe que la lluvia mermará la eficacia de la pólvora de la artillería y arcabuces enemigos, y se mantiene unida frente al largo convoy que se ha ido formando con la marcha de los comuneros. Además, el adiestramiento militar y el armamento de los realistas es muy superior al del improvisado ejército comunero. Estratégicamente, la posición más favorable para lanzar el ataque de la caballería es la extensa y basta planicie entre las localidades de Marzales y Villalar, en campo abierto, sin protección ni posible escapatoria para la infantería comunera. Es el momento y se decide dar batalla: cerca del mediodía, tiembla la tierra con las cargas de la caballería realista.

LA BATALLA DE VILLALAR

Tras unos primeros intentos de organizar su defensa, con algunos disparos de artillería, cunde el caos y desconcierto entre las filas comuneras, que se dispersan: unos se reagrupan en Villalar, otros escapan hacia Toro, y algunos cambian la cruz roja de rebeldía que era su distintivo por las cruces blancas de los realistas.

La persecución a los comuneros se prolongó durante toda la tarde, con resultado de unos 500 muertos. Otros muchos comuneros fueron capturados, entre ellos sus capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, que serán ajusticiados al día siguiente. La victoria realista se saldó con muy pocas bajas entre sus filas. Se había infringido una dura derrota al movimiento rebelde contra la autoridad del rey Carlos I, que implicaría el final de la Guerra de las Comunidades de Castilla. 

Solo Toledo y María Pacheco, viuda de Juan de Padilla, consiguieron mantener unos meses más la resistencia a la autoridad del Emperador, pero la rebelión comunera se había frustrado. Años más tarde, con la llegada de las ideas Liberales a España, se empezó a forjar el mito de los Comuneros como luchadores por las libertades del pueblo.