Es necesario volver a las clases presenciales

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La pregunta que todas las instituciones académicas se preguntan es si es necesario volver a las clases presenciales. La pandemia obligó a cerrar centros educativos y tanto personal docente como estudiantes adoptaron un nuevo sistema. Ahora bien, qué tan necesario es volver a las clases presenciales

La pandemia obligó en marzo del año pasado a cerrar los colegios. En todo el mundo se plantea el debate de retornar a la presencialidad o de no hacerlo. Mi opinión es que no sólo es conveniente, sino incluso imprescindible, abrir las aulas cuanto antes. Por muchas razones. La transición forzada e imprevista derivada del cierre de aulas inicial ha perjudicado notablemente la calidad educativa pero también y sobre todo la igualdad entre escolares. Calidad y equidad, juntas, configuran lo que yo llamo un sistema educativo decente. Sin un sistema educativo decente no puede haber libertad porque la libertad personal es el fruto de la educación; no puede haber igualdad real porque la pobreza se hereda y lo único que evita esto es la educación; y no puede haber democracia porque sin educación no hay una sociedad decente y cohesionada, sino un sistema de castas.

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Pues bien, la no presencialidad impide una educación decente. Primero, por las brechas digitales de acceso y la escolar. Brecha de acceso: poder disponer de conexión digital y de dispositivo personal. En España, el 14% de los alumnos no tienen ordenador en casa y el 44% sólo tiene uno en casa para toda la familia. La brecha escolar remite a las habilidades pedagógicas y tecnológicas del profesorado, la disponibilidad de recursos y la adecuación de las plataformas online de apoyo a la enseñanza: sólo el 50% de los equipos directivos escolares españoles, disponen de capacidades y recursos. En este punto, también hay muchas diferencias entre Comunidades Autónomas (del 70% del profesorado vasco, por ejemplo, al 40% del profesorado extremeño, por ejemplo) y también entre centros educativos de titularidad pública (que es del 50%) y privada (que alcanza al 70% del profesorado).

Segundo, el apoyo familiar. Un factor clave para el éxito educativo, como se sabe. La pandemia ha requerido un apoyo familiar especial, pero no todas están alfabetizadas digitalmente. El alumnado de familias con rentas altas, que viven en las ciudades (hay también una brecha enorme entre el mundo urbano y el del medio rural), que son buenos estudiantes y que tienen familias con altos niveles socio-educativos, apenas han sufrido consecuencia adversa alguna del cierre de las escuelas. Todo lo contrario que el alumnado que no reúne alguna de estas condiciones.

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Tercero, los servicios complementarios de una educación inclusiva o decente: desayunos y comidas escolares, transporte, apoyo psicopedagógico personalizado, etc. En emergencias, como una pandemia, los derechos no desaparecen, sino que se hace más necesario aún garantizarlos. Hay que asegurar la salud de los niños y de todos los actores educativos, pero la escuela no es sólo un espacio de aprendizaje, sino de socialización, de compensación de desigualdades sociales y de protección, sobre todo para los niños y las niñas que viven en una situación de mayor vulnerabilidad.

Cuarto: dos ámbitos particulares donde es fundamental asegurar la inclusión educativa son los del alumnado con discapacidad y el de minorías étnicas. Por lo que dice a los primeros, el confinamiento en el domicilio ha paralizado las rutinas, terapias y tratamientos de los niños con discapacidad. Por otro lado, dicho confinamiento provocó un daño mayor en los escolares con trastorno del espectro autista o/y con problemas de salud mental.

Una cosa que sí se ha hecho bien en España ha sido la opción, ya desde el curso pasado, por la presencialidad segura en las escuelas. En contra de lo pudiera vaticinarse, a pesar de que no estaba disponible aún la vacuna, apenas se han registrado infecciones de los escolares y sus familiares y del profesorado, por lo que puede valorarse como un éxito. Y así empezamos estos días el curso 21/22, con la buena noticia de que el 75% del alumnado de secundaria ya ha recibido una dosis de la vacuna y casi el 50% las dos. La opción por la presencialidad escolar es una opción por la calidad y por la equidad educativa. Eso sí, los escolares desde los 6 años van a tener que seguir llevando mascarilla, los pupitres tendrán que estar a una distancia de 1,2 metros (el curso pasado fue de 1,5), lo que obliga a reducir el tamaño de los salones, a contratar

más profesorado y, en definitiva, redunda en mejor educación. Deberá mantenerse la ventilación del salón de clase (incluso en invierno: los escolares estuvieron en clase con abrigos), extremarse la limpieza de todo el colegio, organizar escalonadamente la entrada y salida del colegio, volver a los denominados “grupos burbuja” de escolares que estarán juntos en clase y en el patio de recreo todo el año, etc. Este curso vuelven las actividades extraescolares y el deporte escolar (que no hubo el pasado). La idea es también priorizar la presencialidad y las medidas de apoyo y de refuerzo del alumnado en desventaja, el alumnado des y dis: des(favorecido socio-economicamente) y dis(capacitado).